Lo bueno se hace esperar (y lo mismo ocurre con tus finanzas)

Nos enfrentamos a esta elección todos los días: retrasar la comodidad u obtener una satisfacción instantánea. Nos ocurre en todos los aspectos de la vida, desde la comida que comemos hasta la ropa que nos ponemos. Y resulta que la mayoría de las veces, las personas optan por sentirse cómodas en el momento antes de pensar en lo que ocurrirá en el futuro. La satisfacción instantánea está bien, pero deberíamos tener cuidado cuando entramos en el terreno financiero e intentar llevar un equilibrio. Por ejemplo, a veces pedimos préstamos inmediatos sin ponernos a comparar muy bien la mejor opción a largo plazo. Sin embargo, si conseguimos esperar un poco o buscar la oferta que realmente nos va mejor, la gratificación futura puede ser mucho mejor.

¿Por qué debemos aprender a ser pacientes?

El placer es parte de la supervivencia humana. Comienza a una edad temprana cuando los niños quieren sentirse felices de inmediato: por ejemplo, lloran cuando tienen hambre. Sin embargo, a medida que crecemos, aprendemos que el trabajo duro y la paciencia son necesarios para obtener lo que queremos, aunque a menudo se opone a la forma en que está conectado el cerebro humano, razón por la cual es importante planteárselo seriamente.

Calculadora

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Para algunos, trabajar duro es un medio para una mejor vida y estatus social, y cuando no pueden obtener esto de sus trabajos, buscan en otra parte. A menudo, los préstamos proporcionan un medio para lograr nuestros objetivos inmediatos. En lugar de desafiar el dolor, parece más fácil sacar préstamos o acumular tarjetas de crédito para pagar un coche nuevo o para darse un capricho. Si bien esto proporciona felicidad en el momento, sin un plan de pago claro, la deuda se hará más grande y podrá dar problemas en el futuro.

Piensa a largo plazo

La idea de obtener lo que queremos en el momento puede ser atractiva, pero amenaza con comprometer las cosas que realmente necesitamos. Por ejemplo, podemos querer comprar un coche nuevo que se sale de presupuesto, sin pensar que igual deberíamos ir a la opción más económica y ahorrar para una casa. En lugar de priorizar lo que anhelamos en el momento, puede ser más efectivo pensar en el efecto de largo alcance de una decisión financiera.

Podemos aplicar esta práctica de gratificación retrasada a nuestras decisiones diarias también. Por ejemplo, antes de entrar al restaurante más caro de la ciudad, piensa en cómo afectará esto a tu plan financiero, como deudas pendientes o esos ahorros para un nuevo sofá. Aunque puede ser difícil abordar la vida con esta mentalidad al principio, se vuelve más fácil con el tiempo cuando aprendemos a priorizar nuestras necesidades por encima de nuestros deseos, y vemos que alcanzarlos es crucial para nuestra felicidad y bienestar en general.

Práctica la visualización

Para muchos de nosotros, los objetivos futuros son apenas tangibles. Sin embargo, cuanto más los puedas visualizar, más fácil se vuelve practicar el arte de la gratificación tardía. Por ejemplo, colgar fotos de la casa de tus sueños en tu apartamento de alquiler podría ser suficiente para motivarte y ahorrar para la entrada de la casa. Cuanto más hables y más visualices tus objetivos, más tangibles se volverán. La visualización es la clave.

Poco a poco, tus objetivos financieros a largo plazo irán calando en tu forma de organizarte. La paciencia a la hora de conseguir tus objetivos financieros y sobre todo el equilibrio te ayudará a conseguir un futuro cómodo y sólido. Y es que como decíamos, lo bueno se hace esperar.

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